EL FUTURO YA NO ES LO QUE ERA

Mal empezamos. El pasado 8 de enero se nos fue un amigo, un verdadero amigo. Se llamaba Manuel Rodríguez Casanueva y su gran humanidad nos ha dejado desvalidos a quienes disfrutábamos de su amistad y compartíamos sus proyectos y sus valores.

Días antes, tras recibir mi último News con la “Crónica de Navidad”, me había mandado, como siempre hacía, unas palabras de ánimo y agradecimiento: “Muchas gracias, Luis, por mantenernos siempre bien informados de temas distintos a los que se acostumbran recibir. Espero hayas recibido mi Carta de Navidad 2016. Con ganas de verte. Abrazos, Manolo”. Su “Carta de Navidad”, a la que nos tenía acostumbrados desde hace años, esperaba contestarla debidamente tras el receso de las vacaciones navideñas y acometer, de forma conjunta, un viejo proyecto sobre Filantropía, tema que le apasionaba tanto o más que a mí.

Indiano de ida y vuelta, este empresario de origen asturiano pero nacido en México –optimista, generoso, solidario, animador empresarial, emprendedor irredento– ayudó decisivamente a modernizar las empresas españolas después de la muerte de Franco y organizó durante 40 años importantes foros de discusión de ámbito económico y político. Como su filosofía de la vida y sus ideas eran afines a las que defendemos desde este Newsletter , reproducimos al final de esta Crónica su última “Carta de Navidad” para quienes tengan la curiosidad de conocer a un verdadero “campeador” después de muerto.

“Era transparente, lo cual no quiere decir que todos le entendieran. Sus objetivos, sus motivaciones, no eran las más comunes. Lo suyo era imaginar, crear, llegar más lejos, transformar la tierra estéril en granja. Era más de hacer que poseer, más de distribuir que de acumular”, decía ante el sepelio su gran amigo y colaborador, el periodista Fernando González Urbaneja.

“Manolo se pasó su vida promoviendo la “conversación”, el debate con contenido, por eso hoy no podemos despedirle sin algo de esa conversación pública que busca provocar reflexión, incluso cambiar ideas previas o al menos inducir dudas y abrir otras oportunidades. Manolo era provocador, estimulante, también podía ser irritante, pero ese es un privilegio de las personas inteligentes y singulares.

Manolo hizo siempre lo que quiso, era un forofo de la libertad individual; también dispuesto a pagar un precio por ello. Y por supuesto que los pagó por esa militancia en la libertad individual. Por eso me parece admirable. La generosidad es sincera cuando supone esfuerzo. Y de eso Manolo nos dio pruebas fehacientes”.

Lo mejor está por llegar

“Ya no va a suceder ese "the best is yet to come", "lo mejor está aún por venir" –con todas sus reminiscencias de Sinatra– o frases de significado similar con las que el siempre dinámico y optimista Manuel Rodríguez Casanueva gustaba de despedirse.

Tras unos meses de deterioro de su salud, el empresario y editor hispano-mexicano acaba de fallecer a los 75 años”, escribía en su obituario de El Mundo Víctor de la Serna, amigo y testigo de excepción de sus andanzas empresariales y gastronómicas. “Rodríguez Casanueva, Manolo para todo el mundo, fue desde la sociedad civil uno de los protagonistas de la modernización de la vida empresarial española, dentro de tres grandes líneas de acción: la convocatoria a foros conjuntos, ya desde 1976, a políticos, empresarios y sindicalistas que empezaron allí a conocerse y a dialogar; la edición de boletines informativos de análisis político-económico de primer nivel, y la organización de cursos de actualización para directivos empresariales, colaborando desde 1988 con la Universidad Complutense”.

Hijo y nieto de emigrantes asturianos a México, se educó a partir de los 13 años en Madrid, adonde su padre, comerciante en la capital mexicana, llevó a toda la familia para que sus hijos conociesen bien la tierra de sus mayores. Estudió en varias universidades europeas y en la Universidad Iberoamericana de México, licenciándose en Administración de Empresas.

Tras varios años de vida empresarial en México y España, con altos y bajos que él recordaba a menudo, siguió a su mentor Jesús Monzón –figura histórica del Partido Comunista convertido en experto en mercadotecnia– al Instituto Balear de Estudios de Dirección Empresarial, que dirigió a partir de 1973, al morir Monzón. Dos años más tarde logra la distribución de la Harvard Business Review para España, que revende a la Editorial Deusto por un millón de pesetas. Y con esa suma funda Euroforum, su gran obra.

Desde su primer congreso con empresarios, políticos y sindicalistas en mayo de 1976, desarrolló sus foros y sus cursos avanzados en Madrid y, desde 1987, en San Lorenzo del Escorial, restaurando el histórico Hotel Felipe II y luego la Casa de los Infantes, anexo –hasta entonces en ruina– del Monasterio.

Durante esos años y hasta su cese en 1997, su actividad formativa y organizativa fue incesante y sonada. Incluyó en particular la edición de dos publicaciones, la semanal Euroletter (desde 1977) y la mensual en inglés Spanish Trends (desde 1985), consideradas como confidenciales, género entonces en boga, pero que en realidad no se dedicaban al chismorreo político habitual, sino a los análisis extensos y en profundidad, con rigor académico y muy atentos a la información internacional, “que para él escribieron –siempre sin firma, al estilo de The Economist– algunos de los mejores periodistas jóvenes de aquella era en la que todo estaba en transición, como Fernando González Urbaneja, Enrique Badía, Pedro de Tena, Ricardo Martín o Tom Burns Marañón. Y algunos menos destacados también estuvimos allí”, recuerda Víctor de la Serna.

Desde 1997 desarrolló varias iniciativas empresariales y en 2013, ahora con el Foro de Foros, retomó la actividad que fue de Euroforum.

Foro de Foros

“Tanto como su liderazgo, nos toca reconocer a la persona abierta y leal. De ella dan testimonio estos días sus numerosos amigos, esos a los que él siempre valoró y reconoció, no por lo que eran, sino por cómo eran. Todos confiesan echar –desde ya- de menos sus conversaciones abiertas, sus reveladoras anécdotas, sus desinteresados consejos y, en suma, su generosidad”, recuerda su viuda, Margarita López Medrano.

Quienes conocieron a Manolo, por fortuna gente de muchas culturas, que le trataron en diversas circunstancias y momentos de su vida, coinciden en que, desde el primer instante, producía un impacto del que muy pocos lograban escapar.

Siempre preocupado por los demás, por el destino de las sociedades que nunca dejó que considerar igual de suyas, la española y la latinoamericana, supo aunar y compatibilizar esas sensibilidades con una visión y una convicción de alcance global.

“Fáciles o difíciles, sus 75 años de vida han sido sobre todo fructíferos. Con una ilusión y un empuje que persistieron hasta sus últimos días… hasta que su salud quebró definitivamente, de una forma que nadie esperaba, forzando su partida, sin dolor, en paz y rodeado de sus más queridos. Dejando una estela de iniciativas y realidades, fruto de su incansable vocación emprendedora, siempre orientada a aportar mejoras e innovaciones a la sociedad. Es obligado recordar Eurofórum, su más dilatada obra… hasta llegar a Foro de Foros, su último legado”.

“Su nombre, su recuerdo, su ejemplo, su personalidad irrepetible, quedarán para siempre adheridos a Foro de Foros y a cuantos logró sumar a su postrera ilusión. La etapa que ha presidido el Patronato de la Fundación ha sentado las bases institucionales y organizativas para el desarrollo de un amplio catálogo de iniciativas que reclaman continuidad”, afirma Margarita López Medrano. “Quienes seguimos a cargo del día a día de la Fundación tendremos, sin duda, que aunar la nostalgia de su ausencia con la contribución precisa para que su legado y los valores que encarnaba nos sigan conduciendo al objetivo que tanto había soñado".

Para acceder a la Carta de Navidad de Manuel Roderíguez Casanueva haga clic aquí

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